NI UNA MENOS… ese obsoleto grito de barbarie
Foto Cortesía Wikipedia

Hace un par de días, un nutrido grupo de mujeres armadas hasta los dientes de miedo, de terror, de coraje, de tristeza y de huevos –sí, dije de huevos-, decidió tomar de nuevo las calles de la ciudad de México para alzar la voz, para exigir que el gobierno preste atención a la problemática de género que va muchísimo más allá de piropos guarros y nacos en la vía pública, que va más allá de un pellizco de nalga en la banqueta, en los vagones del metro, en microbuses y autobuses, que va más allá –incluso- de la violencia doméstica.

Debemos recordar –estamos obligados a hacerlo- que la violencia de género en México es un problema mayúsculo que ha sido ignorado por priistas, por panistas, por perredistas e incluso por morenistas, debemos recordar que, dentro de nuestra sociedad, la mujer mexicana ha sido reducida al deplorable grado de moneda corriente, de boleto de paso, de objeto, de ganado y desafortunadamente para todos, desde los ojos de gobernantes, diputados, senadores, jueces, presidentes, regidores, comandantes, coroneles, generales, tenientes y varios más… en estadística.

Y bien…

9 Mujeres asesinadas al día –dato de la ONU- no son simplemente una estadística como tampoco lo son las 292 violaciones reportadas en la ciudad de México en los primeros 8 meses del 2019, las 33 de cada 100 mujeres que han sido abusadas sexualmente por elementos de la marina, del ejército, de la policía municipal y estatal durante arrestos –sea cual sea la causa de la detención- y operativos ni las 3,200 mujeres que mueren a manos de esposos, exesposos, novios, exnovios, padres, tíos, vecinos, amigos y mucho menos las 9,000 mujeres desaparecidas en los últimos tres años en todo el territorio mexicano.

Esta numeralia no es simplemente eso, simples datos duros, estamos hablando de vidas, de nombres con apellidos, de hijas, hermanas, esposas, novias, amigas, madres y abuelas que fueron secuestradas, violadas, torturadas, asesinadas y aventados sus cuerpos a las calles, a cañadas, a montes y a cerros, a basureros…

Esta jodida numeralia es uno de los mayores insultos que la clase política ha esgrimido en contra de nuestra sociedad por medio de un desinterés desmedido, de una barata e ignorante falla administrativa que por mucho, ha rebasado sus pobres –casi nulas- capacidades políticas y humanas.

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Entonces, si usted es de aquellos y aquellas a quienes les ofende más la destrucción de monumentos y de estatuas que el mismísimo desmembramiento de esa colectividad en la que se desenvuelve cotidianamente, si usted es de aquellos que han decidido alzar la voz en contra de quienes tomaron la violencia en sus manos para manifestarse a favor de un derecho legítimo, de esa urgencia de seguridad, de paz y de tranquilidad, entonces usted, le guste o no, es parte del problema.

Las encapuchadas… valientes guerreras u opositoras del montón

Cuenta la leyenda que el modus operandi de las encapuchadas que desataron la violencia y el vandalismo en las calles de la ciudad de México durante las últimas dos manifestaciones feministas, responden en un alto porcentaje a las tácticas diseñadas por y para los grupos de choque que la oposición creo hace al menos setenta años para sumar al desprestigio de este o de aquél grupo político –legítima o ilegítimamente en el poder- dominante.

Y sí, probablemente este grupo de mujeres armadas con pinturas en aerosol, palos, piedras, artilugios incendiarios y valentía, estén respondiendo a truculentos y ambiciosos y puercos intereses políticos, quizás este grupo disidente fue amaestrado adecuadamente para colgarse de la legitimidad de las manifestantes para salir a agredir hombres, a insultar mujeres policía, a reventar vidrieras y mostradores, a pintarrajear muros y monumentos históricos e intentar incendiar cuanto se atravesara en su camino con la única finalidad de desprestigiar al gobierno en turno, al partido vigente y mostrarle a la población los beneficios implícitos en el hecho de volver al redil del prianismo pero, incluso bajo esta premisa, es decir, suponiendo que de verdad, estos actos respondieron a una agenta opositora, los beneficios resultantes de tales actos, terminarán siendo altamente beneficiosos para las mexicanas.

“No se escondan tras la máscara” gritaba (casi sentenciaba) una mujer al frenético grupo de soliviantadas que decidió llevar una protesta de corte pacífico a la barbarie –quizás sospechosamente- pero, en realidad, estas acciones han sentado ya un precedente que obligará al gobierno de la ciudad y al gobierno federal, a tomar cartas en el asunto, a comenzar a diseñar soluciones reales que devengan en beneficios capaces de trascender a cualquier vacuo discurso político, a cualquier frívola campaña politiquera futura, a cualquier promesa superficial de los venideros actores de la política mexica.

Entonces sí señora, secundo el grito y la propuesta y me permito agregar… que no se escodan ellas solamente bajo la fuerza y la incógnita de una máscara cuando deberíamos ser todos quienes nos encapuchemos y mostremos solidaridad para con nuestras compatriotas.

Las manifestaciones feministas del 2019, finalmente rompieron un cerco enorme, sí… dañaron propiedad pública, pintarrajearon “monumentos” de identidad nacional, casi patrio, pero llevaron las voces y el reclamo más allá de esas obsoletas y desesperanzadas fronteras informativas que nunca antes habían prestado atención a una realidad traumática y desgarradora, las estábamos ignorando, las estábamos ninguneando.

Pero al fin encontraron el modo de llamar esa atención que ningún mentado gobierno y ninguna obtusa sociedad se había detenido a prestarles, o ¿qué?, ¿me vas a decir que no es cierto?

PORQUE VIVAS LAS QUEREMOS… NI UNA MENOS

Antonio Andrade

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NI UNA MENOS… ese obsoleto grito de barbarie
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NI UNA MENOS… ese obsoleto grito de barbarie
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Exigir que el gobierno preste atención a la problemática de género que va muchísimo más allá de piropos guarros y nacos en la vía pública
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